miércoles, 7 de mayo de 2014

A mi abuelo...

Taciturno, como sin habla,
Débil y cansado de alma y cuerpo,
Respiración pausada y mirada fija.
En silencio medio traspuesto;
Con los ojos llorosos y los labios secos
En la sala está el abuelo.

El que en un tiempo fue fuerte y alto
Ahora es frágil y escueto.
El que trabajó en el campo.
Ahora descansa mientras pasa el tiempo…

Sus ojos, enjaulados, en pieles flácidas
Arruguitas y un blanco cabello
Se asemejan a dos almendras
Que lo hacen entre tierno y bello.

Su sordera es inevitable,
Su torpeza es por el tiempo,
Tiene arruguitas en las manos
y un poco torcidos tiene los dedos.

Su carácter se ha vuelto afable
Me sonríe cuando lo beso,
Es callado y paciente, mas ahora,
Se queda tranquilito y quieto.

No protesta, aun que a veces si se enfada
Es normal, es su derecho
Tiene años suficientes
Como para libremente hacerlo.

Yo lo miro a veces callada.
Sentada a su lado y pienso.
Cuanto luchó este hombre
Y que pequeñito se ha hecho…

Me gusta oír sus historias,
Le escucho relatarlas contento,
Se que le gusta hablarme
De aquellos viejos tiempos.

Es entonces cuando le miro
Y sonriendo me alegro,
Aun que sea pequeñito y frágil
Aún sigue siendo mi abuelo.

Sin Ti...

Es un angel que se cayó de un cielo cerrado,
es un hada al que le arrancaron las alas y no puede usar su luz.
Es un cielo en el que han borrado el sol...
Una caricia sin dedos, un hogar sin amor.

Una sonrisa con la boca cerrada
un par de palmadas al revés.
Un soplo de aire que no refresca
un fuego extinto que ya no va a arder.

Son docenas de palabras encerradas.
una oda a la nostalgia, un una centella que no brilla.
Un mar seco, un ojo muerto,
Un rio sin orilla...

Es una calma confusa
un sonido en silencio
un par de notas estancadas
un pajaro sin aliento

Es tu ausencia un pesar muerto...