miércoles, 15 de enero de 2014

El Paragüero (Cuento para Erick)

A las afueras, muy afuera, donde el rio casi se acaba, y donde los árboles se mueren de frío.
Tan lejos, vivía un excéntrico, raro, agradable, y especial fabricante de paraguas.
Los hacía de tela natural tejida con seda, no se si resguardaban del agua, pero eran tan bonitos... De todos los colores, formas y tamaños inimaginables. Cada uno especialmente creado para la persona que lo encargaba.
La gente iba a su casa a por los paraguas más famosos de la ciudad, y es que, los paraguas tenían algo muy especial. Cada uno era tal y como su amo querría q fuese.
El fabricante de paraguas no se basaba en los gustos del cliente, ni en la moda, ni en los colores de los que vistiese, se basaba en su sonrisa.
Cuando un cliente sonreía, una idea le venía a la mente, y en ese preciso instante era en el que se encerraba por largas horas en su taller para crear sus fantasías.
A menudo, mientras él creaba en su taller en el que nadie había entrado jamás, los clientes que fuera esperaban oían explosiones, risas, gritos, chirridos, más explosiones, sónido de paraguas abriéndose y cerrándose, más explosiones, y finalmente una campanita como la de un microondas, que indicaba que el Paragüero había concluido su creación.
Era entonces cuando la sonrisa que había inspirado al Paragüero, se hacía más presente en el cliente al ver su paraguas, especial, lleno de color y de vida, aparecer en la mano del Paragüero al salir del taller.
Y así, día tras día, el Paragüero hacía feliz a la gente con su maravilloso arte.
Un día que no tenía trabajo que hacer, mientras perseguía conejitos, brincando y cantando como un ser plenamente libre y feliz por el bosque, alguien llamó a la puerta de su casa.
Gracias a sus increíblemente agudizados sentidos, el Paragüero salió corriendo y se encontró ante la puerta de su casa una señora de gran porte, con aspecto serio, elegante, adinerado.
La señora le miró sin expresión alguna y mientras él saludaba efusivamente con un "Buenos diaaaaaas!!" ella se limitó a asentir, y en el tono más frío del mundo dijo:
-Muy buenos días, Señor.
El Paragüero levantó una ceja con los ojos muy abiertos y dijo.
-Vaya... ¡Qué seria es!
A lo que ella igualmente seria, contestó:
-No veo el motivo por el que no deba serlo. Soy Miss Narenda, soy una gran mujer de negocios, que vive entre el bullicio de las reuniones, las exposiciones de trabajo y que solo tiene una hora libre para comer. Vengo porque me han recomendado a usted para que me haga un paraguas personalizado.
- ¡Claro!- respondió el Paragüero- Pase a mi casa, ¡Es suya también!
Y abriendo la puerta, le hizo un gesto exagerado de cortesía para que entrase.
La mujer respondió asintiendo y entró en la casa, se sentó en un sillón y miró fijamente al Paragüero y le dijo:
-Le diré exactamente lo que quiero, quiero un paraguas negro, elegante, de presencia sencilla, sin adornos, con el mango de cuero negro, y las varillas de metal.
El Paragüero le miró con cara de asombro, con la boca tan abierta que la campanilla tenia vértigo, las muelas se taparon los ojos cegadas por la luz del exterior y la lengua se ruborizó.
-¿Negro?- Preguntó
-Negro.- contestó la mujer
-¿Sin adornos?- preguntó nuevamente el Paragüero sin dar crédito aún.
-Si, así es.- Respondió firmemente la señora.
-Humm... ¡Vaya! - Contestó el Paragüero -Pero no podré hacerle un paraguas si antes no me muestra su sonrisa.
La mujer lo miró extrañada, con cara de incredulidad, pero igualmente seria como hasta el momento.
-¿Mi sonrisa?- Preguntó - Yo nunca sonrió. No me da tiempo. Las horas son un importante regalo que aprovecho para trabajar, y trabajar. Tengo muchas responsabilidades, mucha gente a mi cargo, mucho mucho trabajo. Tan solo el hecho de estar aquí parada esperando que se decida a hacerme el paraguas me está haciendo perder dinero. Así que mientras espero, me pondré con unos asuntos pendientes.
Y de un maletin que llevaba consigo, saco un ordenador portátil, unas gafas, y se puso a trabajar.
El Paragüero se puso triste, y con su tristeza se metió a trabajar. Pero no se oían explosiones ni chirridos, ni tampoco ruido de paraguas abriéndose, ni risas... El Paragüero estaba de pie, frente a la mesa de trabajo, mientras una lágrima le caía por la cara, y sin saber cómo hacer ese trabajo tan complicado.
¡Una persona que no sonríe! ¡Eso era impensable! Entonces se le ocurrió la idea más loca del mundo. Más loca que cualquier otra idea loca que se le hubiera ocurrido antes, loca incluso para él que era un ser con ideas bastante locas, y se puso a trabajar. Y empezaron a oírse las explosiones, las risas, los chirridos, más explosiones, el ruido de paraguas abriéndose y cerrándose, más explosiones y finalmente la campanita. El Paragüero salió radiante, con una exagerada sonrisa de oreja a oreja, y con un paraguas negro azabache en su mano.
Sin colores, sin adornos, y realmente elegante.
La señora al verle salir, seria como una estatua de piedra, fría como un congresista... Ah no, espera, era al revés. Fría como una estatua de piedra, seria como un congresista, le miró y poniéndose en pie después de cerrar su ordenador, adelantó una mano y agarró el paraguas.
Lo miró... Lo examinó, y finalmente lo abrió y se resguardó bajo él.
Y fue entonces cuando una gran sonrisa iluminó su cara, la mayor de todas las sonrisas, una sonrisa donde sonreían también cada uno de sus dientes blancos de marfil.
Al abrir el paraguas pudo leer por dentro, una frase escrita en vivos colores, con adornos de todas clases, dónde decía:
"Tengo una pistola, si no sonríes, ¡te mataré!"

miércoles, 8 de enero de 2014

Resucitar un pensamiento
Con miedo y pesar
No es sentir que todo está quieto
Es tirarse al agua y luchar.

Si con fuerza el alma se funde
Con el miedo y la soledad
Cuando el amor llega a la vida
El sonido se centra en el mar.

No pretendo escribir una oda
Al amor, ni tampoco ganar
Con un poema mil premios.
Solamente quiero soñar.

Es por eso que dejo mi alma libre
Dejo a mi mente volar
Y siempre contigo de ejemplo
Suspirando me pongo a pensar.

Tener una misión en el mundo
Y de lejos ponerte a mirar
Y ver como se alejan los miedos
Como se pierde el miedo a intentar.

Si existes, y se que si existes,
Ven, yo te voy a esperar.
Si no vienes tu quizá vaya yo.

Porque ya perdí el miedo a soñar.

Jugando a pensarte

Me voy a sentar a imaginarte.
No tengo nada mejor que hacer.
Voy a soñar que te tengo aquí, ahora.
Con los ojos cerrados lo haré.

Soñaré que tus labios son míos
En una noche de vino y placer,
Te tomaré de la mano y suavecito
A tu oído susurraré.

Te diré que te quiero
Casi desde que te vi la primera vez.
Te confesaré que a veces me abrumo.
Y te sonreiré cohibida después.

Voy a soñar con tus brazos
Y tus manos rozando mi piel.
Con un fuego bien vivo
Y nosotros besándonos frente a él

Voy a tenerte en mis sueños
Y mientras duren te veré
Cerrando los ojos, suspirando
Tras soñar, que te marches dejaré.

Y Podré sentirte mañana de nuevo
Y buscarte allá donde estés.
Podré cantarte al oído.

Y así no te extrañaré.

...

He me aquí, hendida,
Con el alma entre los dedos
Perdida…
Sensorialmente vacía

Llena de emociones varias
¿Compartidas?
¿Sabrás acaso que te pienso,
Y que me siento enloquecida?

Confusa, si, por qué no confesarlo;
Asustada… Hasta cohibida…
Llena de inquietud y miedo.
Sola… Aburrida…

Te siento lejos y…
Te siento lejos y se me va la alegría.
Quizá te dejé entrar muy adentro
Y ahora no hay ya salida.

Quizá te di todo lo que aún no debí darte
Y ahora me siento perdida.
Extrañarte es algo muy raro.
Pensarte a cada segundo lo es más todavía…

¿Qué pasa si nada es cierto?
¿Qué pasa si todo es mentira?
¿Si pasa el tiempo y no te tengo?
Si no estás después ¿Qué pasaría?

No es que no confie en ti.
Es que no creo todavía
Que de todas las mujeres del mundo
Yo sea la elegida.

A veces es magia.
Otras es alegría…
Otras es miedo e impotencia.
Y ahora es melancolía.

Estás lejos…
Y yo no pensé que tanto te extrañaría
Y ahora que está pasando
Que me guíen desde arriba.

Porque mi mente está tan confusa
Que no entiendo, alma mía…
Solo se que ahora te quiero

Como no pensé que te querría.