jueves, 28 de abril de 2011

~ Bailemos..~

Se oye el repiquetear de las gotas contra el vidrio de los altos ventanales. Suenan truenos y se ilumina a cada rato una gran estancia oscura, donde un silencio impactante es , tan solo, roto por el sonido de la lluvia y cada poco de algún relámpago.
Sus ojos se pierden en la lejanía, viendo los rayos cruzar el cielo, inundando ,por segundos, su alrededor de un fuerte fogonazo blanquecino.
En un viejo gramófono comienza a sonar opera a medio volumen, mientras baila sola en mitad del gran salón, con los ojos cerrados, tan solo sintiendo el momento.
Con un leve tono de voz, interpreta la canción a la vez que se oye en el gramófono, sin dejar de bailar lentamente en el centro del salón.
El vestido negro, largo hasta los pies, acaricia el suelo al compás de los movimientos de ella. Su tez blanquecina, fuertemente iluminada, cada poco, por unos segundos de luz cegadora, se ve resplandeciente. Sus ojos vacíos, sin vida están ocultos tras los párpados cerrados, y su pelo blanco, lacio, largo hasta casi la cintura, corona la imagen de la danzarina.
Se oyen mas truenos y el rechinar de una puerta, pesada, alta y gruesa. Sus pasos se detienen, sus ojos se abren y su mirada se posa en la puerta y en la silueta que en ella se adivina.
Tan solo una sombra, la silueta negra de un hombre esbelto, alto y de cabello largo y que tan solo en uno de los fogonazos cegadores de la tormenta, se le alcanza a ver la cara, de tez mas pálida aun que la de ella y ojeras rojizas que rodean unos ojos vacíos, grises de ceniza, sin la mas mínima muestra de vida tras ellos.
De pie, en el centro del salón, con los brazos ya bajados, los ojos muy abiertos, y fija en el extraño, unas palabras salen de su boca.
-Pase, no creo que haya llegado hasta aquí para quedarse en la puerta, ¿O si?
Y sonriendo vuelve a dejarse llevar por la música, y a baila sola, en el centro del salón.
Con pasos firmes el extraño pasa, se gira y entorna la puerta, dejando que algunas gotas atrevidas crucen el umbral y que la luz del exterior dibuje una linea en el suelo que a se corta a tan solo unos pasos, frente a el.
Camina, haciendo resonar las pisadas de sus botas por el, casi vacío, salón. Se para frente a ella, extiende una de sus manos y sonríe;
-Mejor bailar acompañada, ¿No cree, mi lady?
Ella agarra la mano de el y se deja llevar, pegándose a su pecho, coloca la mano en su espalda y su boca muy cerca de la de el.
-Así es, mi lord.
Y bailan.
Sus miradas se encuentran frente a frente, en un duelo de ojos fríos, vacíos y sin expresión,
Una de las manos de ella pasa por la espalda de el, acariciando la tela fuerte, de su traje color vino. El pelo le cae levemente sobre la cara, dándole un aspecto aún más atractivo a ese vampiro que tiene frente a sí.
No puede evitar pensar en lo bien que se encuentra tan solo bailando. En el gramófono sigue sonando una opera, mientras fuera cae la de Caín...
Las manos de el se posan en la cintura de ella, mientras bailan, la acerca suavemente a el, y sin pensárselo, la besa en los labios.
Los pasos paran de resonar en el salón medio vacío, los pies quedan inmóviles pegados al suelo mientras que los labios quedan pegados los unos a los otros.
Otro resplandor ilumina la escena, mientras sus cuerpos se acercan aún más.
Y, sujetándola por la cintura, la tumba levemente hacia atrás y acerca la boca a su cuello.
El cierra los ojos aspirando muy cerca de la piel de ella, ella los cierra sintiendo su aliento acariciarle levemente.
Su piel se eriza, su vello se levanta, y mientras afloran los colmillos de el y apenas la rozan, ella le clava las uñas en la espalda y deja escapar una sonora exhalación que retumba en el eco de la vacía estancia.
La lengua del vampiro roza suavemente el cuello de la vampira, y suspira, con una mano la sujeta a la cintura y con otra de la nuca, y suavemente clava los colmillos, atravesando la fina piel blanquecina y haciendo que de ella brote el tan ansiado manjar rojo.
Su boca se llena de ese sabroso néctar, mientras mas aprieta su cintura contra el y deja escapar otro suspiro.
Ella, aferrada a su espalda, abre la boca en un "¡oh!" agudo y dulce, mientras siente como su sangre llena la boca de el, aun con los ojos cerrados.
Lleva una de sus manos a la cara del vampiro y lo acaricia suavemente, mientras siente su respiración,
Los colmillos salen de su piel y la sangre le gotea, la recoge con la lengua y la pasa sobre la herida, sanándola, cerrándola. En un instante la única prueba de aquella mordida es la sangre que a el le cae por la comisura de los labios.
Se incorpora y con el la incorpora a ella, la mira a los ojos, y la abraza.
Afuera, los relámpagos siguen cortando el cielo, y la lluvia cayendo con fuerza.
Dentro el grámofono sigue emitiendo el sónido dulce de esa ópera y los vampiros...  Los vampiros vuelven a bailar.

lunes, 25 de abril de 2011

~ Pasión Vampírica ~

El cielo oscuro bañaba la noche, las estrellas y la luna resplandecían en lo alto, y una suave brisa le rozaba la cara, y el pelo negro, haciendo que le ondease levemente.
Su tez pálida a la luz de la luna se veía bellísima, casi deslumbrante, su semblante serio y triste y sus ojos vacíos se hacían mas presentes bajo la tenue luz.
Sentada a la orilla de una roca, con un vestido ceñido, negro, largo hasta los pies, el cabello suelto y zapatos de tacón alto. Mirando al infinito, con su rosa negra en la mano, sin expresión, así se encontraba cuando a lo lejos se oyeron pasos.
Despacio, como si en realidad nada le importase, volteó su cara y esos ojos vacíos se fijaron en el caballero que hacia ella se encaminaba, lo miró y una leve mueca de sonrisa se dibujo en su cara. El, con el cabello blanco, ojos grises de ceniza y tez tan pálida como la de ella, le miraba desde abajo, ambos se encontraron con sus miradas y ambos hicieron un leve gesto de sonreír. El ,con un salto y una velocidad asombrosa, subió junto a ella, se sentó a su lado y se quedaron simplemente contemplándose.
Ella le miró, en su corazón muerto y sin vida crecía una pequeña emoción. Debajo de aquellas botas negras, pantalón ceñido pero varonil, y chaqueta se encontraba la piel pálida que tantas veces, desnuda, había sentido sobre su misma piel.
Subiendo la mirada hacia su cara, se fijó mas en sus labios, esos labios que tantas veces había mordido, besado y lamido estaban ante ella, cerrados, sin decir nada.  
Tras subir la mirada por su nariz perfecta, llegó a sus ojos, tan vacíos como los de ella, de un color gris ceniza, sin expresión pero brillantes, fijos en los suyos... esos ojos que la habían visto en tantas ocasiones haciendo que la mente la desease, y habían hecho que corriesen a encontrarse furtivamente en cualquier rincón para dejarse llevar por la pasión... esos ojos la miraban tan fijamente como los suyos a los de el.
Otra leve sonrisa se dibujo en la boca de ella y por fin la abrió para decir algo
-Estás aquí... - sin dejar de verle a los ojos
El asintió con la cabeza mientras pasaba una mano por la cara de ella, suave, la más bella de las caricias....
-Estoy aquí…
Y sin más, se fundieron en un abrazo, el más frío de los abrazos pero lleno de un calor mágico
-ven- le dijo tomándola de la mano sin apartar sus ojos de los de ella- agárrate a mi no te sueltes
y con una rapidez ultrasónica desaparecieron agarrados.
La luna se quedó sola, bañando esa roca donde había pasado ella las dos horas anteriores, ensimismada.... pensando en el.






Cuando volvió a abrir los ojos, se encontraba en un diván, la luz tenue de dos pequeñas velas alumbraban la estancia, el sonido de un piano acompaño su mirada por la estancia.
Se encontraba en una especie de sala de estar, junto a si, una chimenea apagada, con una mecedora frente a ella, unos cojines por el suelo y un piano de color rojo intenso, en el cual se hallaba el sentado, inmerso en la interpretación de una melodía suave, atractiva. Con sus grises y brillantes ojos clavados en algún punto de las cortinas color vino, que majestuosamente coronaban un ventanal por el que entraba la luz de la luna.
Y junto a el, ella... ensimismada en la melodía, sin poder dejar de mirarle, clavando sus largas uñas negras en el acolchado diván y suspirando.
-Me invitas a acompañarte?
-Claro,- dijo el, sin apenas apartar la vista de las cortinas color vino, de textura aterciopelada y semblante grandioso.
Con un movimiento rápido paso del diván a la banqueta del piano, junto a el, y poso sus delicadas manos sobre sus teclas, y se dispuso a acompañarle en su interpretación.
Ambos, con las manos sobre el piano, la mirada perdida y el corazón muerto, tocaban una melodía narcoticamente agradable, suave, eclipsante... ambos giraron la cabeza ala misma vez y ambos se quedaron a menos de un centímetro el uno de los labios del otro, y con un leve gesto una de las manos de el abandono el piano para pasar a acariciar su cara, y colocándola bajo el fino mentón de ella, la besó.

Quien sabia que era aquello... ella no, el tampoco, era una sensación tan dulce y a la vez preocupante...
Que un corazón muerto, casi latiese por otro corazón muerto, era, aunque bonito, desconcertante.

Todos los dedos fueron separados del piano rojo intenso, todos fueron a acariciar sus caras, sus espaldas, sus cabellos.... las cortinas de terciopelo color vino ondeando rozaron el costado desnudo de el, con delicadeza y parsimoniosa suavidad el le quitaba la ropa a ella y ella se la quitaba a el, hasta verse frente a frente, ambos desnudos, ella tan solo vestía un anillo negro en su blanquecina mano, el tan solo un anillo rojo en la suya,
las caricias y besos se expandieron, se multiplicaron, se hicieron mas latentes.
Sus ojos cerrados y sus manos pegadas a su espalda, notando su frió cuerpo sobre ella, bajo ella el acolchado del diván, y a su alrededor una marea de besos y caricias, de lamidas y apretones, de mordidas y miradas tan lascivas como dulces.
De la pasión que fueron testigo ese diván, esos cojines en el suelo, las cortinas y el piano... solo lo saben ellos.
Y mas tarde solo silencio... pegados, unidos pero en silencio.
La respiración de ella volvía a relajarse después de la pelea amorosa, la de el aun un poco agitada también.
Sus manos se paseaban por el cuello de ella, suavemente. Las de ella sobre el pecho de el, tan solo unos cuervos que afuera graznaban rompían el silencio, y poco a poco la noche fue dejando paso al día y con el fue llegando el momento de letargo.
Desnudos, sobre un diván negro y acolchado, protegidos del sol por las robustas y ahora echadas, cortinas de terciopelo color vino, ambos dejaron de ser vampiros nocturnos para ser meros cadáveres abrazados.
Hasta que no llegase de nuevo la noche, nada en esa sala se movería lo mas mínimo.







~ Efímera es hasta la tristeza ~

De pie, frente al silencio, rodeada de noche y de luz de luna, con su rosa negra en la mano y mirando al infinito...
Sus ojos fríos como el hielo, vacíos pero brillantes se fijan en su rosa y con suavidad arranca un pétalo. lo deja caer y mira como baja lentamente haciendo círculos en el aire hasta posarse en el suelo inerte, inmóvil, y allí se queda.
Vuelve con lentitud su mano a la rosa, mientras una lágrima sale de sus ojos, resbalando por su cara, llega a sus labios y allí muere. Con la misma delicadeza arranca otro pétalo y también lo deja caer, volviendo a contemplar el fugaz vuelo efímero de este hasta el suelo.
Poco a poco deshoja la rosa entera, pétalo a pétalo, dejando en el suelo una manta de negro aterciopelado...
Cuando no hay ningún pétalo por arrancar, se enjuga las lágrimas y lanza lejos el tallo lleno de espinas, y se queda simplemente contemplando la luna, allí arriba, y piensa,
cuantas veces ha sido, esa luna, testigo de besos, testigo de abrazos, testigo de caricias y de miradas...
Mira a su alrededor, pero no hay nada, se sienta en la hierba, se tumba y contempla la luna, ella es su mas fiel aliada.
Su luz la baña cuando siente una caricia en el rostro, y sobresaltada mira a su lado donde se encuentra el, le sonríe y cierra los ojos mientras siente sus garras pasearse por su cara con suavidad.
Ya no pasa nada...
Pasa un instante y vuelve a voltearse para verle, junto a ella el. Sus ojos se tornan brillantes y otra leve sonrisa se deja entrever en sus labios.
Entre ambos, solo serenidad, calma y silencio…
Tan solo se oye el rumor del aire en la copa de los arboles que sobre ellos se alzan, y aun mas levemente, sus respiraciones, tranquilas, pausadas, sin la mas mínima muestra de alteración ni nerviosismo.
La mano de ella busca la de el, aun sobre su cara, y la agarra firmemente, su tacto suave pero frió, tan familiar, tan conocido, le reporta una dulce sensación de embriaguez y se deja acariciar.
Ya no habrá mas lágrimas que enjugar, porque ahora ya nada importa.

Me presento.

Soy yo, la que escribe, la que libera su mente y deja salir de ella pensamientos para dejarlos aqui impresos.
Dejaré que las palabras fluyan... 
Este será tan solo un sitio dónde dejar constancia de las locuras que a veces se nos pasan por la mente, 
otras veces seran ideas, poesías, textos, lo que vaya surgiendo... Quién sabe lo que pueda salir de aqui...
Por ahora, esto, una presentación.